Traducción de testimonio enviado por el Capítulo del Buró Internacional para la Epilepsia de Taiwán.

Viviendo con amor
Por Gapin

Yo jugaba el juego de “Lados derecho e izquierdo” con mi hijo y su cabeza debía voltear a la derecha o a la izquierda siguiendo nuestra voz, y sus pequeñas manos se mantenían balanceándose activamente. Mi esposo gozaba observarnos. Nuestro dulce y satisfactorio hogar cubría a todos los miembros de mi familia en la noche de verano.

Hasta ahora, me había sentido siempre muy afortunada aunque no estoy del todo bien. Debido a la Epilepsia, tengo un profundo estigma en mi mente. Sin embargo, con el apoyo emocional de mis hermanos y hermanas y la actitud educacional de mis padres yo podría olvidar el hecho de ser una paciente, excepto por los momentos en que tomo pastillas tres veces al día. Ello me hace recordar que no estoy del todo bien. Cuando estuve lejos para estudiar, mis padres realmente se preocuparon por mí y mi madre solía viajar para visitarme en las vacaciones de invierno y de verano. Todo ese tiempo lloraba en mi almohada por la nostalgia de mi hogar, pero también disfrutaba de mi estancia en los Estados Unidos, viajando por dondequiera. Durante esos tres años de lejanía me mantuve en contacto con mi médico. Con el uso regular de mi medicación, participaba en todas las actividades de la universidad, trabajé para ganar dinero,  asistía todos los cursos escolares, viví una vida normal y finalmente me gradué y regresé a mi hogar en Taiwan.

Fue realmente mi destino conocer a mi esposo. Aunque él era uno de los estudiantes de las clases superiores cuando estaba en los Estados Unidos, nos enamoramos en Taiwan un año después de que regresamos. Yo dudé y me pregunté si debía confesar mi epilepsia a él o no. Antes de enamorarme profundamente de él, decidí explicarle todos los detalles de mi enfermedad con el objeto de evitarle cualquier sufrimiento posterior. Le conté en detalle desde los ataques iniciales hasta las condiciones actuales de mi tratamiento. Un año después nos casamos con muchas bendiciones de mi familia y amigos. “Tener un bebé” se convirtió en el tópico principal de nuestras conversaciones. Nos preocupamos acerca de la posibilidad de herencia, los efectos de las drogas sobre el feto, etc. Me preguntaba su podría o no ser madre, si el bebé no estaba bien cómo podríamos educarlo para estar bien en cuerpo y mente. Nuestra decisión final fue tener un bebé.

Durante el periodo inicial del embarazo, mi mareo matutino me preocupaba por el posible efecto en el feto. Después de tres meses empecé a compartir mi felicidad con la gente. En la semana 33 tuve una amenaza de parto prematuro que me llevó al hospital por tres días de reposo absoluto.  Estaba emocionada por el nacimiento del bebé pero también preocupada por los efectos de las drogas antiepilépticas. Además de los cuidados regulares del embarazo, solicité el examen ultrasonográfico del feto- Me calmé mucho cuando el ginecólogo me dijo que el ultrasonido era normal. El estudio no mostró la cara, pero sí la pequeña mano con sus adorables cinco deditos moviéndose hacia nosotros.

Después de un periodo de labor decidimos que se hiciera cesárea. Mi esposo me apretó la mano derecha con los ojos húmedos. Mi madre tomó mi mano izquierda y me dijo que no temiera, que rezaría por mí fuera del cuarto de labor. Mi padre estaba inquieto en casa. Mis hermanos y hermanas llamaban continuamente preguntando por mí. A las 5:58 de la tarde mi bebé nació. Oír su llanto y ver su pequeño cuerpo fue muy conmovedor y feliz.

El pediatra checó a mi bebé y lo encontró normal por completo. Las felicitaciones de familiares y amigos me hicieron olvidar el dolor del parto. Mi madre empezó a nutrirme cocinando algo de comida. Cada día se quedaba conmigo hasta que mi esposo regresaba a casa de su trabajo. Empecé a aprender a alimentar, vestir y bañar a mi bebé como cualquier madre primeriza. Ahora tiene mes y medio, toma 180 cc de leche cada vez y algunas veces se queda despierto jugando con nosotros. Ha aprendido que el baño es muy divertido y motiva a cualquiera para jugar con él. Como otros padres, solo esperamos que crezca bien y sano.

Después del parto tuve crisis por la tarde durante tres días y recurrieron días después. Tras discutirlo con mi doctor llegamos a la conclusión de que la dieta rica en proteínas podría interferir con la absorción de las drogas antiepilépticas. El cambio de horario me mantuvo libre de crisis. Como paciente, me di cuenta de que es una excelente idea consultar siempre al doctor.

Después de ser mamá aprendí a cuidarme mejor a mí misma con la finalidad de cuidar mejor a mi bebé. Aprendí a tomar los altibajos de la vida como vienen.